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Río de Janeiro, 24 sep (EFE).- Las mujeres representan el 52,8 % del electorado brasileño, pero su presencia en las candidaturas para las elecciones generales de octubre apenas supera un tercio, una brecha que refleja los límites de tres décadas de políticas destinadas a ampliar la participación femenina en la política.
De las doce candidaturas registradas para la Presidencia, solo dos están encabezadas por mujeres, un retroceso respecto de 2022, cuando cuatro disputaron el principal cargo del país.
En total, las mujeres representan este año el 35,09 % de las candidaturas, pero su participación se concentra principalmente en las elecciones legislativas con el 92,31 % de las aspiraciones.
El 4 de octubre, los brasileños elegirán al próximo presidente y vicepresidente, a los gobernadores y renovarán parte del Congreso. De los más de 158 millones de electores habilitados, 83,8 millones son mujeres.
Una cuota con resultados a medias
La participación femenina tuvo un antes y un después en 1996, cuando se estableció una cuota del 20 % para las candidaturas femeninas en las elecciones municipales.
En 2009, el mínimo pasó al 30 % para los cargos proporcionales, como diputados federales, estatales y distritales.
La medida aumentó las candidaturas femeninas, pero no su representación en el Congreso, ya que la cuota garantiza un mínimo de postulaciones, pero no de escaños.
En la Cámara de Diputados, por ejemplo, las candidaturas femeninas pasaron del 6 % en 1994 a cerca del 35 % en 2022. Sin embargo, las aspirantes elegidas hace cuatro años representaron solo un 17,7 % de los puestos.
"Tener más candidatas no necesariamente va a lograr que resulten más elegidas", explica Débora Thomé, investigadora del Centro de Política y Economía del Sector Público (Cepesp) de la Fundación Getúlio Vargas (FGV).
No obstante, Thomé considera que las cuotas sí han tenido efecto y eso se ha reflejado en el aumento de mujeres candidatas y electas.
La legislación brasileña establece además un piso del 30 % de los recursos públicos de campaña para las candidatas, una proporción que debe aumentar si la participación femenina en las listas es mayor.
El problema, explica la experta, es que tener más candidatas no significa necesariamente tener más aspirantes con posibilidades reales de elección, pues además del dinero necesitan apoyo de las estructuras partidarias, exposición pública y respaldo de otros candidatos, especialmente las que compiten por primera vez.
Otros obstáculos detrás de la brecha
La Justicia Electoral considera fraude las candidaturas ficticias creadas únicamente para cumplir la cuota y contempla sanciones cuando existen indicios que apunten a una votación mínima o inexistente, a la falta de actividad de campaña o a la ausencia de movilización financiera.
La legislación también incorporó mecanismos contra la violencia política de género a fin de impedir que se dificulte el ejercicio de los derechos políticos de candidatas y mujeres que ocupan cargos electivos.
Thomé señala que la violencia política afecta incluso más a los hombres, según las cifras, por ser mayoría. Sin embargo, las mujeres están expuestas a formas específicas de agresión, como amenazas, acoso y violencia sexual, además de ataques en internet.
Para la experta, quien además preside el Comité de Investigación sobre Género y Política de la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPCA, por sus siglas en inglés), los episodios de violencia pueden llevar a algunas mujeres a desistir de buscar la reelección o a retirarse temporalmente de la actividad política.
Según datos de ONU Mujeres, solo siete países del mundo tienen al menos un 50 % de mujeres en sus cámaras bajas o parlamentos unicamerales, entre ellos Cuba, Nicaragua y Bolivia. En América Latina y el Caribe, las mujeres ocupan en promedio el 37 % de los escaños parlamentarios.
Al ritmo actual, la paridad entre hombres y mujeres en los parlamentos nacionales solo se alcanzaría hasta 2063, señala la organización.
María Angélica Troncoso
(c) Agencia EFE