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Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegan este domingo a la primera vuelta de las presidenciales brasileñas como principales, y se diría que únicos, candidatos a pasar a la segunda vuelta.
Si bien en esta primera ronda, Lula mantiene una pequeña ventaja —39% frente a 34% según la encuestadora Quaest y 42% frente a 37% según Nexus—, lo cierto es que ninguno se acerca al 50% de los votos válidos que exige la ley para evitar unos segundos comicios.
Esto se debe, en parte, a que el psiquiatra y escritor Augusto Cury, candidato de Avante, puede conseguir hasta el 10% de los votos de los insatisfechos con la polarización.
Según el sondeo de Quaest para Globo publicado este lunes, los dos principales candidatos obtendrían un 42% de los votos en la segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre; el de BTG Pactual/Nexus da al presidente una ventaja de 46% a 44%, dentro del margen de error de dos puntos.
De ganar, sería la cuarta victoria electoral para Lula, que lleva un cuarto de siglo en el centro de la política brasileña.
El antiguo obrero de la metalurgia ganó en 2002 tras tres derrotas consecutivas, repitió en 2006 y dejó el Palacio del Planalto a finales de 2010 con un 87% de aprobación, según la encuesta CNI/Ibope de diciembre de aquel año, un récord para un presidente brasileño.
Su sucesora y exjefa de gabinete, Dilma Rousseff, ganó en 2010 y 2014 antes de ser destituida en 2016 por varios casos de corrupción que afectaban al Partido de los Trabajadores.
Michelle Bolsonaro reclama la amnistía a su marido, el expresidente Jair Bolsonaro en São Paulo. Foto de archivo. | Source: Amanda Perobelli
En 2022, Lula volvió en primera persona para derrotar a Jair Bolsonaro con el 50,9% de los votos en la segunda vuelta, el resultado más ajustado desde el regreso de la democracia en 1989.
Nadie, en toda la historia de Brasil, ha conseguido acumular cuatro mandatos, aunque sea de forma no consecutiva.
Enfrente, tendrá al primogénito de su antiguo rival.
Flávio Bolsonaro, senador por Río de Janeiro desde 2019 y diputado estatal durante los dieciséis años anteriores, anunció su candidatura el 5 de diciembre de 2025 con una foto en la que besaba la cabeza de su padre, por entonces encarcelado, y un comunicado en el que aseguraba que este le había transmitido la "misión" de continuar su proyecto.
Días después, dejó caer que podría retirarse de la carrera presidencial a cambio de un "precio" que no quiso concretar y que la prensa brasileña interpretó como la libertad del expresidente.
En enero, los sondeos le daban entre un 23% y un 26% en primera vuelta. En marzo, ya lo situaban en empate técnico con Lula en la segunda: 46% a 43%.
Las acusaciones mutuas de corrupción han sido la constante de los últimos meses. El pasado de Lula no es envidiable en ese sentido: ya en 2005, el escándalo del mensalão —los pagos a diputados a cambio de apoyo parlamentario— hundió la aprobación de su gobierno hasta el 42% y acabó con la condena de su exjefe de gabinete, José Dirceu.
Después llegó la Operación Lava Jato: el entonces juez Sergio Moro lo condenó en 2017 por el caso del tríplex de Guarujá y Lula pasó 580 días en una celda de la Policía Federal en Curitiba, lo que le impidió presentarse a las elecciones de 2018.
El presidente de Brasil , Luiz Inácio Lula da Silva, en una imagen de archivo. | Source: Reuters
En 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló las condenas al considerar que el tribunal de Curitiba no era competente y que Moro había actuado con parcialidad. Los procesos posteriores prescribieron o se archivaron.
Tampoco el presente le es favorable. La Policía Federal investiga un fraude en el Instituto Nacional del Seguro Social (INSS) basado en descuentos no autorizados en las pensiones de jubilados.
En esa trama está involucrado el hijo mayor del presidente, Fábio Luís Lula da Silva, Lulinha, por su cercanía con Antônio Carlos Camilo Antunes, el llamado Careca do INSS —el calvo del INSS—, señalado como principal responsable del esquema y en prisión desde septiembre de 2025.
Lulinha, que se instaló en España en 2025 y abrió una empresa en Madrid en enero de este año, está investigado por tráfico de influencias. Su defensa niega cualquier relación comercial con Camilo Antunes.
El senador Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro. | Source: Reuters
Por su parte, Flávio Bolsonaro también arrastra una trayectoria discutible. La fiscalía de Río lo denunció en noviembre de 2020 por encabezar, cuando era diputado estatal, un esquema de rachadinha —la apropiación de parte del sueldo de sus asesores— que habría desviado seis millones de reales de la Asamblea Legislativa.
El caso se archivó en 2022 después de que el Superior Tribunal de Justicia anulara las pruebas.
Mucho más reciente es su relación con Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master, detenido el 17 de noviembre de 2025 cuando intentaba salir del país y acusado de un fraude que dejó un agujero de 47.000 millones de reales (unos 7.700 millones de euros) en el fondo de garantía de depósitos.
Según los audios y documentos publicados por Intercept Brasil, el senador habría negociado directamente con Vorcaro para financiar la película Dark Horse, sobre su padre, con 24 millones de dólares, de los que se pagaron al menos 10,6 millones.
Flávio negó primero los pagos y admitió después haber hablado con él para buscar inversores; la Policía Federal lo investiga con autorización del Supremo.
El caso Master salpica también al Gobierno —la policía investigó en junio al senador Jaques Wagner, entonces líder del ejecutivo en la Cámara alta—, aunque Lula ha intentado desmarcarse. "Fue mi Gobierno el que le detuvo y el que cerró su banco", aseguró en un vídeo a principios de septiembre.
Por mucho que Jair Bolsonaro no esté en la papeleta, lo cierto es que sigue marcando la campaña. El Supremo lo condenó el 11 de septiembre de 2025 a 27 años y tres meses de prisión por encabezar la trama golpista posterior a su derrota de 2022.
En noviembre, se le trasladó a dependencias policiales tras admitir que había dañado su tobillera electrónica de vigilancia y, desde marzo, cumple la pena en prisión domiciliaria por motivos de salud, una medida que el magistrado Alexandre de Moraes prorrogó sin fecha el 3 de julio.
Tiene prohibido participar en actos político-electorales, así que el Partido Liberal (PL) lo resolvió a su manera: en la convención del 25 de julio, proyectó un vídeo generado con inteligencia artificial en el que su imagen decía: "Pido que recibáis con los brazos abiertos a la persona que elegí para sustituirme, sangre de mi sangre, mi hijo Flávio".
Entre los oradores invitados aquel día estaba el presidente argentino, Javier Milei.
Flávio no es el único Bolsonaro Jr. con vínculos con la política y unas relaciones, cuando menos, dudosas. Su hermano Eduardo Bolsonaro, que vive en Estados Unidos, perdió su escaño en diciembre de 2025 y quedó inhabilitado en junio, condenado por coaccionar a la justicia en el proceso del golpe.
Por si eso fuera poco, Michelle Bolsonaro, la madrastra, acusó públicamente a Flávio en junio de haberla "apuñalado".
Con todo, la campaña ha tenido un perfil más bajo de lo que se esperaba. Lula no ha acudido a ningún debate y Flávio anunció el 11 de agosto que solo iría si iba el presidente, lo que llevó a cancelar los de SBT y Record.
La concentración convocada el 7 de septiembre contra el actual presidente y el citado Moraes reunió a 28.500 personas según el Monitor del Debate Político de la Universidad de São Paulo, frente a las 42.000 del año anterior, y Flávio evitó atacar al Supremo en bloque: "Una manzana podrida no puede contaminar toda la corte. El STF no es Alexandre de Moraes".
Lula, por su parte, escribió ese día: "Hay quienes prefieren remar en contra. Se disfrazan de patriotas, pero se mueven por intereses extranjeros".
Para la derecha populista latinoamericana, Brasil es la pieza que falta. Desde que Javier Milei llegara a la Casa Rosada en 2023, el mapa político ha girado casi por completo: José Antonio Kast gobierna Chile desde el 11 de marzo, Abelardo de la Espriella ganó en Colombia por menos de un punto de ventaja y Keiko Fujimori se impuso en Perú por unas 50.000 papeletas.
Brasil es la mayor economía de la región y posee la segunda reserva mundial de tierras raras, unos 21 millones de toneladas según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el 23% del total, solo por detrás de China.
El ultraderechista Abelardo De La Espriella celebra su victoria ante sus seguidores en Barranquilla. | Source: Reuters
Su producción, en cambio, apenas llega al 0,5% mundial, y Lula promulgó en septiembre una ley de minerales críticos y estratégicos para intentar cerrar esa brecha.
Precisamente, Flávio ha convertido esa riqueza en argumento de campaña ante Washington.
En la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) celebrada en Dallas el 28 de marzo, afirmó: "Brasil va a ser el campo de batalla donde se decidirá el futuro del hemisferio, porque Brasil es la solución de Estados Unidos para romper la dependencia de China en minerales críticos, especialmente elementos de tierras raras".
Nueve días antes, André Marinho, aliado del senador y candidato de Novo al gobierno de Río, había elaborado un documento de 22 páginas en inglés con la marca de la campaña, que estimaba entre 50.000 y 100.000 millones de dólares de inversión estadounidense en diez años.
La sintonía con Donald Trump es absoluta. El presidente estadounidense impuso en julio de 2025 aranceles del 50% a los productos brasileños, con el proceso contra Jair Bolsonaro como argumento, recibió a Flávio en la Casa Blanca a finales de mayo y lo definió después en redes como un joven inteligente que ama a su país.
Eso sí, Flávio prefiere desvincularse de Washington en público: "Seamos muy claros, no existe ayuda del Gobierno americano".
Aunque su programa no menciona a los BRICS, anunció en un pódcast de junio que reevaluaría la permanencia de Brasil en un bloque que calificó de muy ideológico.
Ahora bien, los antecedentes muestran que los Bolsonaro se manejan bien entre dos aguas. El padre visitó a Vladímir Putin en Moscú el 16 de febrero de 2022, ocho días antes de la invasión de Ucrania, se declaró después "solidario con Rusia" y rechazó sumarse a las sanciones.
No hay que esperar, por lo tanto, una ruptura traumática de la alianza; simplemente, quizá, un alejamiento de las posiciones más "multilaterales" cuando estas choquen con los intereses de Washington.