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São Paulo, 3 oct (EFE).- Más de 158 millones de brasileños están convocados este domingo a las urnas en unas elecciones que no solo decidirán la permanencia de Luiz Inácio Lula da Silva o el ascenso del ultraderechista Flávio Bolsonaro, sino que redefinirán el equilibrio de poder en la región frente a la presión de Washington.
Las elecciones en Brasil definen mucho más que el rumbo del país. El gigante sudamericano es uno de los cromos más deseados del álbum de geopolítica de Donald Trump.
El resultado de estos comicios presidenciales dará forma definitiva al mapa político de Latinoamérica de cara al tramo final del mandato del republicano en Estados Unidos.
Mientras la ola derechista bañaba a gran parte de la región, Brasil en los últimos cuatro años se mantuvo firme como el principal bastión del progresismo sudamericano. Por lo menos, hasta ahora.
Ante los embates de Trump, Lula optó por subir el volumen de su discurso soberanista, el cual no solo enarbola el orgullo por lo brasileño, sino que no escatima a la hora de rechazar las injerencias extranjeras.
"Brasil no cabe en el patio trasero de nadie", dijo Lula hace unos días durante su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que fue su décima intervención en ese palco frente a los jefes de Estado.
Al día siguiente, Bolsonaro prometió que, si gana los comicios, se sumará al Escudo de las Américas, iniciativa de seguridad impulsada por Estados Unidos y en la que ya participan varios mandatarios latinoamericanos, como el argentino Javier Milei, el paraguayo Santiago Peña o el chileno José Antonio Kast.
Una contienda dominada por los escándalos
Los dos favoritos para la carrera presidencial representan caminos antagónicos: Lula, en busca de un cuarto mandato no consecutivo a sus 80 años, con una extensa carrera a cuestas, y Bolsonaro, ungido por su padre tras la condena por golpe de Estado para mantener vivo el apellido en la política.
A pesar de que el abogado de 45 años ha ocupado cargos públicos desde sus inicios en la vida profesional, el líder del Partido de los Trabajadores le ha dejado saber que no lo considera un rival a su altura. La última vez este jueves, cuando dijo en una entrevista que Bolsonaro hijo "no tiene pasado, no tiene presente y no tiene futuro".
La campaña electoral se alejó de las propuestas y quedó atrapada de ambos lados en noticias falsas, insultos, artimañas y escándalos de corrupción.
El que más hondo caló fue el del Banco Master, el mayor fraude financiero del país, y cuyo dueño, Daniel Vorcaro, tejió una red de influencias en los Tres Poderes y de ambos lados de la grieta política.
Bolsonaro parecía verse más afectado por haberle pedido a Vorcaro, al que en principio afirmó desconocer, unos 12 millones de dólares (unos 10 millones de euros), supuestamente para financiar una película biográfica sobre su padre.
Si bien Lula no se ha visto personalmente salpicado, sí le ha afectado públicamente la relación de proximidad entre el banquero y el magistrado Alexandre de Moraes, uno de sus aliados y quien abanderó la condena a 27 años de cárcel a Jair Bolsonaro por un intento de golpe de Estado.
La pugna por el voto útil
Incluso con las evidentes diferencias entre ambos, las encuestas no consiguen salir del empate técnico en intención de voto.
También están empatados en la tasa de rechazo. En este índice, algunos sondeos llegan a superar el 50 %, lo que deja un margen casi nulo de crecimiento directo a costa del rival.
Este escenario neutralizó las posibilidades de las 'terceras vías', como el psiquiatra y escritor Augusto Cury, que a finales de agosto llegó al 11 % en una encuesta, o el contestatario ultraderechista Renan Santos.
Eso llevó a que, en sus últimas apariciones públicas, tanto Lula como Bolsonaro se vieran obligados a converger en la misma estrategia: apelar al voto útil.
Flávio Bolsonro se enfocó en captar a los votantes de otras fuerzas, a los que llamó a dar un voto "inteligente", argumentando que es el único capaz de vencer a Lula da Silva en las urnas.
En el caso del mandatario, sus discursos giraron alrededor de disminuir la abstención, que es históricamente alta. En la primera vuelta de 2022, el 21 % de los electores habilitados para votar no se presentó.
Por ello, la campaña lanzó una batería de contenidos dirigida a los adultos mayores de 70 años, quienes no están obligados a votar y entre quienes Lula acarrea una frondosa ventaja respecto a su rival. Este grupo representa más del 10 % de los electores aptos para comparecer este domingo.
Ailén Desirée Montes
(c) Agencia EFE