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El senador Flávio Bolsonaro y el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva irán a balotaje en Brasil el 25 de octubre, después de que en la primera vuelta de las presidenciales el conservador aventajara por sorpresa al izquierdista.
Flávio Bolsonaro obtuvo 47,25% de los sufragios frente a 44,90% para Lula, con el 98,57% de las urnas contabilizadas.
El senador, poco conocido hace unos meses a nivel nacional, ha basado su campaña en la promesa de "rescatar" a Brasil en asuntos como la inseguridad y promete reducir la dependencia a las ayudas sociales del gobierno.
Flávio Bolsonaro se describe a sí mismo como "más moderado" que su controvertido padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado por golpismo.
Al tiempo destaca que por sus venas corre "sangre Bolsonaro".
De 80 años, Lula busca un cuarto mandato y ha hecho de la soberanía su bandera electoral.
El izquierdista advierte contra la presión del presidente estadounidense, Donald Trump, quien extiende su área de influencia en la región con gobiernos de derecha en Argentina, Chile o Colombia.
Las encuestas previeron una pequeña ventaja para Lula hasta la víspera de las elecciones.
Como en 2018, los sondeos se equivocaron al subestimar la fuerza de la derecha en los comicios que enfrentaron a Lula con el entonces presidente Jair Bolsonaro.
Los resultados parciales también anuncian un tsunami de la derecha en el Parlamento, con numerosos senadores bolsonaristas especialmente muy por delante o ya elegidos, como la ex primera dama Michelle Bolsonaro.
Unos 160 millones de ciudadanos estaban convocados a sufragar.
Trump no ha respaldado explícitamente hasta ahora a Flávio Bolsonaro pero ha dicho que sigue "muy de cerca" las elecciones.
El republicano ha utilizado aranceles y sanciones para presionar a Brasilia, desde que su aliado Jair Bolsonaro fue juzgado por golpismo y condenado a 27 años de cárcel.
En los mitines de Flávio Bolsonaro, sus simpatizantes agitaron banderas estadounidenses e imágenes de Trump.
En pocos meses, Flávio Bolsonaro logró pisar los talones a Lula en las encuestas, incluso después de que se supiera que era investigado por corrupción en la financiación de un filme biográfico sobre su padre.
Promete una férrea política contra la inseguridad, así como austeridad fiscal en medio del aumento de la deuda pública.
"Necesitamos un cambio. En el lugar donde trabajo ocurren muchos asaltos. Lo más importante es nuestra seguridad", dijo en Rio la bolsonarista Babiliana Figueira, una bombera de 40 años.
Lula, reconocido por los programas sociales que sacaron de la pobreza a millones de personas a principios de siglo, regresó al poder en 2023, después de ir preso por un enorme escándalo de corrupción y de que sus condenas fueran anuladas por motivos de forma.
El exmandatario nunca se ha sacudido la etiqueta de "ladrón" que le puso la derecha y parte de los brasileños.
Hace cuatro años derrotó a Jair Bolsonaro por apenas 1,8 puntos porcentuales en unas elecciones tumultuosas, que degeneraron en el asalto a las sedes de poder en Brasilia por parte de simpatizantes de Bolsonaro semanas después.
Durante el tercer mandato de Lula, la inflación se mantuvo a raya y el desempleo cayó, pero los brasileños se quejan del alto costo de vida y se muestran hastiados con la delincuencia.